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2008/09/19

El buscador- cuento de Jorge Bucay

  y1pyrXilDxo0y40XZ3D-6G9JUYmO_J40SY109Yht_9Fq2FDGP-St-U0zRCyEvxKbaA238dkpRIHetsEL BUSCADOR

Esta es la historia de un hombre al que yo definiría como un buscador...
Un buscador es alguien que busca; no necesariamente alguien que encuentra.
Tampoco es alguien que, necesariamente, sabe qué es lo que está buscando. Es simplemente alguien para quien su vida es una búsqueda.
Un día, el buscador sintió que debía ir hacia la ciudad de Kammir. Había aprendido a hacer caso riguroso de estas sensaciones que venían de un lugar desconocido de sí mismo. Así que lo dejó todo y partió.
Después de dos días de marcha por los polvorientos caminos, divisó, a lo lejos, Kammir, Un poco antes de llegar al pueblo, le llamó mucho la atención una colina a la derecha del sendero. Estaba tapizada de un verde maravilloso y había un montón de árboles, pájaros y flores encantadores. La rodeaba por completo una especie de pequeña valla de madera lustrada.
Una portezuela de bronce lo invitaba a entrar.
De pronto, sintió que olvidaba el pueblo y sucumbió ante la tentación de descansar por un momento en aquél lugar.
El buscador traspasó el portal y empezó a caminar lentamente entre las piedras blancas que estaban distribuidas como al azar, entre los árboles.
Dejó que sus ojos se posaran como mariposas en cada detalle de aquel paraíso multicolor.
Sus ojos eran los de un buscador, y quizá por eso descubrió aquella inscripción sobre una de las piedras:

Abdul Tareg, vivió 8 años, 6 meses, 2 semanas y 3 días


Se sobrecogió un poco al darse cuenta de que aquella piedra no era simplemente una piedra: era una lápida.
Sintió pena al pensar que un niño de tan corta edad estaba enterrado en aquel lugar.
Mirando a su alrededor, el hombre se dio cuenta de que la piedra de al lado también tenía una inscripción. Se acercó a leerla. Decía:

Yamir Kalib, vivió 5 años, 8 meses y 3 semanas


El buscador se sintió terriblemente conmocionado.
Aquel hermoso lugar era un cementerio, y cada piedra era una tumba.
Una por una, empezó a leer las lápidas.
Todas tenían inscripciones similares: un nombre y el tiempo de vida exacto del muerto.
Pero lo que lo conectó con el espanto fue comprobar que el que más tiempo había vivido sobrepasaba apenas los once años...
Embargado por un dolor terrible, se sentó y se puso a llorar.

El cuidador del cementerio pasaba por allí y se acercó.
Lo miró llorar durante un rato en silencio y luego le preguntó si lloraba por algún familiar.
-No, por ningún familiar —dijo el buscador—. ¿Qué pasa en este pueblo? ¿Qué cosa tan terrible hay en esta ciudad? ¿Por qué hay tantos niños muertos enterrados en este lugar? ¿Cuál es la horrible maldición que pesa sobre esta gente, que les ha obligado a construir un cementerio de niños?
El anciano sonrió y dijo:
- Puede usted serenarse. No hay tal maldición. Lo que pasa es que aquí tenemos una vieja costumbre. Le contaré...:

“Cuando un joven cumple quince años, sus padres le regalan una libreta como esta que tengo aquí, para que se la cuelgue al cuello. Es tradición entre nosotros que, a partir de ese momento, cada vez que uno disfruta intensamente de algo, abre la libreta y anota en ella:

A la izquierda, qué fue lo disfrutado.
A la derecha, cuánto tiempo duró el gozo.

Conoció a su novia y se enamoró de ella. ¿Cuánto tiempo duró esa pasión enorme y el placer de conocerla? ¿Una semana? ¿Dos? ¿Tres semanas y media...?
Y después, la emoción del primer beso, el placer maravilloso del primer beso...¿Cuánto duró? ¿El minuto y medio del beso? ¿Dos días? ¿Una semana?
¿Y el embarazo y el nacimiento del primer hijo...?
¿Y la boda de los amigos?
¿Y el viaje más deseado?
¿Y el encuentro con el hermano que vuelve de un país lejano?
¿ Cuánto tiempo duró el disfrutar de estas situaciones?
¿Horas? ¿Días?

Así, vamos anotando en la libreta cada momento que disfrutamos... Cada momento.

Cuando alguien se muere, es nuestra costumbre abrir su libreta y sumar el tiempo de lo disfrutado para escribirlo sobre su tumba. Porque ese es para nosotros el único y verdadero tiempo vivido".

 

2008/03/11

El círculo del 99

 
EL CÍRCULO DEL 99
 
 
 
Había una vez un rey muy triste que tenía un sirviente, que

como todo sirviente de rey triste, era muy feliz.

Todas las mañanas llegaba a traer el desayuno y

despertar al rey contando y tarareando alegres canciones de

juglares. Una gran sonrisa se dibujaba en su distendida cara y

su actitud para con la vida era siempre serena y alegre.

Un día, el rey lo mandó a llamar.

—Paje –le dijo— ¿cuál es el secreto?

—¿Qué secreto, Majestad?

—¿Cuál es el secreto de tu alegría?

—No hay ningún secreto, Alteza.

—No me mientas, paje. He mandado a cortar cabezas por

ofensas menores que una mentira.

—No le miento, Alteza, no guardo ningún secreto.

—¿Por qué estás siempre alegre y feliz? ¿eh? ¿por qué?

—Majestad, no tengo razones para estar triste. Su alteza

me honra permitiéndome atenderlo. Tengo mi esposa y mis hijos

viviendo en la casa que la corte nos ha asignado, somos vestidos

y alimentados y además su Alteza me premia de vez en cuando

con algunas monedas para darnos algunos gustos, ¿cómo no

estar feliz?

—Si no me dices ya mismo el secreto, te haré decapitar –

dijo el rey—. Nadie puede ser feliz por esas razones que has

dado.

—Pero, Majestad, no hay secreto. Nada me gustaría más

que complacerlo, pero no hay nada que yo esté ocultando...

—Vete, ¡vete antes de que llame al verdugo!

El sirviente sonrió, hizo una reverencia y salió de la

habitación.

El rey estaba como loco. No consiguió explicarse cómo el

paje estaba feliz viviendo de prestado, usando ropa usada y

alimentándose de las sobras de los cortesanos.

Cuando se calmó, llamó al más sabio de sus asesores y le

contó su conversación de la mañana.

—¿Por qué él es feliz?

—Ah, Majestad, lo que sucede es que él está fuera del

círculo.

—¿Fuera del círculo?

—Así es.

—¿Y eso es lo que lo hace feliz?

—No, Majestad, eso es lo que no lo hace infeliz.

—A ver si entiendo, estar en el círculo te hace infeliz.

—Así es.

—Y él no está.

—Así es.

—¿Y cómo salió?

—¡Nunca entró!

¿Qué círculo es ese?

—El círculo del 99.

—Verdaderamente, no te entiendo nada.

—La única manera para que entendieras, sería

mostrártelo en los hechos.

—¿Cómo?

—Haciendo entrar a tu paje en el círculo.

—Eso, obliguémoslo a entrar.

—No, Alteza, nadie puede obligar a nadie a entrar en el

círculo.

—Entonces habrá que engañarlo.

—No hace falta, Su Majestad. Si le damos la oportunidad,

él entrará solito, solito.

—¿Pero él no se dará cuenta de que eso es su infelicidad?

—Sí, se dará cuenta.

—Entonces no entrará.

—No lo podrá evitar.

—¿Dices que él se dará cuenta de la infelicidad que le

causará entrar en ese ridículo círculo, y de todos modos entrará

en él y no podrá salir?

—Tal cual. Majestad, ¿estás dispuesto a perder un

excelente sirviente para poder entender la estructura del

círculo?

—Sí.

—Bien, esta noche te pasaré a buscar. Debes tener

preparada una bolsa de cuero con 99 monedas de oro, ni una

más ni una menos. ¡99!

—¿Qué más? ¿Llevo guardias por si acaso?

—Nada más que la bolsa de cuero. Majestad, hasta la

noche.

—Hasta la noche.

Así fue. Esa noche, el sabio pasó a buscar al rey.

Juntos se escurrieron hasta los patios del palacio y se

ocultaron junto a la casa del paje. Allí esperaron el alba.

Cuando dentro de la casa se encendió la primera vela, el

hombre sabio agarró la bolsa y le pinchó un papel que decía:

ESTE TESORO ES TUYO.

ES EL PREMIO

POR SER UN BUEN HOMBRE.

DISFRÚTALO Y NO CUENTES

A NADIE

CÓMO LO ENCONTRASTE.

Luego ató la bolsa con el papel en la puerta del sirviente,

golpeó y volvió a esconderse.

Cuando el paje salió, el sabio y el rey espiaban desde

atrás de unas matas lo que sucedía.

El sirviente vio la bolsa, leyó el papel, agitó la bolsa y al

escuchar el sonido metálico se estremeció, apretó la bolsa

contra el pecho, miró hacia todos lados y entró en su casa.

Desde afuera escucharon la tranca de la puerta, y se

arrimaron a la ventana para ver la escena.

El sirviente había tirado todo lo que había sobre la mesa

y dejado sólo la vela. Se había sentado y había vaciado el

contenido en la mesa.

Sus ojos no podían creer lo que veían.

¡Era una montaña de monedas de oro!

Él, que nunca había tocado una de estas monedas, tenía

hoy una montaña de ellas para él.

El paje las tocaba y amontonaba, las acariciaba y hacía

brillar la luz de la vela sobre ellas. Las juntaba y desparramaba,

hacía pilas de monedas.

Así, jugando y jugando empezó a hacer pilas de 10

monedas:

Una pila de diez, dos pilas de diez, tres pilas, cuatro,

cinco, seis... y mientras sumaba 10, 20, 30, 40, 50, 60... hasta

que formó la última pila:

9 monedas!

Su mirada recorrió la mesa primero, buscando una

moneda más. Luego el piso y finalmente la bolsa.

“No puede ser”, pensó. Puso la última pila al lado de las

otras y confirmó que era más baja.

—Me robaron –gritó— me robaron, malditos!

Una vez más buscó en la mesa, en el piso, en la bolsa, en

sus ropas, vació sus bolsillos, corrió los muebles, pero no

encontró lo que buscaba.

Sobre la mesa, como burlándose de él, una montañita

resplandeciente le recordaba que había 99 monedas de oro “sólo

99”.

“99 monedas. Es mucho dinero”, pensó.

Pero me falta una moneda.

Noventa y nueve no es un número completo –pensaba—.

Cien es un número completo pero noventa y nueve, no.

El rey y su asesor miraban por la ventana. La cara del

paje ya no era la misma, estaba con el ceño fruncido y los

rasgos tiesos, los ojos se habían vuelto pequeños y arrugados y

la boca mostraba un horrible rictus, por el que asomaban sus

dientes.

El sirviente guardó las monedas en la bolsa y mirando

para todos lados para ver si alguien de la casa lo veía, escondió

la bolsa entre la leña. Luego tomó papel y pluma y se sentó a

hacer cálculos.

¿Cuánto tiempo tendría que ahorrar el sirviente para

comprar su moneda número cien?

Todo el tiempo hablaba solo, en voz alta.

Estaba dispuesto a trabajar duro hasta conseguirla.

Después quizás no necesitara trabajar más.

Con cien monedas de oro, un hombre puede dejar de

trabajar.

Con cien monedas un hombre es rico.

Con cien monedas se puede vivir tranquilo.

Sacó el cálculo. Si trabajaba y ahorraba su salario y

algún dinero extra que recibía, en once o doce años juntaría lo

necesario.

“Doce años es mucho tiempo”, pensó.

Quizás pudiera pedirle a su esposa que buscara trabajo

en el pueblo por un tiempo. Y él mismo, después de todo, él

terminaba su tarea en palacio a las cinco de la tarde, podría

trabajar hasta la noche y recibir alguna paga extra por ello.

Sacó las cuentas: sumando su trabajo en el pueblo y el

de su esposa, en siete años reuniría el dinero.

¡Era demasiado tiempo!

Quizás pudiera llevar al pueblo lo que quedaba de comida

todas las noches y venderlo por unas monedas. De hecho,

cuanto menos comieran, más comida habría para vender...

Vender...

Vender...

Estaba haciendo calor. ¿Para qué tanta ropa de invierno?

¿Para qué más de un par de zapatos?

Era un sacrificio, pero en cuatro años de sacrificios

llegaría a su moneda cien.

El rey y el sabio, volvieron al palacio.

El paje había entrado en el círculo del 99...

...Durante los siguientes meses, el sirviente siguió sus

planes tal como se le ocurrieron aquella noche.

Una mañana, el paje entró a la alcoba real golpeando las

puertas, refunfuñando y de pocas pulgas.

—¿Qué te pasa? –preguntó el rey de buen modo.

—Nada me pasa, nada me pasa.

—Antes, no hace mucho, reías y cantabas todo el tiempo.

—Hago mi trabajo, ¿no? ¿Qué querría su Alteza, que

fuera su bufón y su juglar también?

No pasó mucho tiempo antes de que el rey despidiera al

sirviente.

No era agradable tener un paje que estuviera siempre de

mal humor.

—Y hoy cuando hablamos, me acordaba de ese cuento del rey y

el sirviente.

Tú y yo y todos nosotros hemos sido educados en esta estúpida

ideología: Siempre nos falta algo para estar completos, y sólo

completos se puede gozar de lo que se tiene.

Por lo tanto, nos enseñaron, la felicidad deberá esperar a

completar lo que falta...

Y como siempre nos falta algo, la idea retoma el comienzo y

nunca se puede gozar de la vida...

Pero que pasaría

si la iluminación llegara a nuestras vidas

y nos diéramos cuenta, así, de golpe

que nuestras 99 monedas

son el cien por cien del tesoro,

que no nos falta nada,

que nadie se quedó con lo nuestro,

que nada tiene de más redondo

cien que noventa y nueve

que esta es sólo una trampa,

una zanahoria puesta frente a nosotros

para que seamos estúpidos,

para que jalemos del carro,

cansados, malhumorados,

infelices o resignados.

Una trampa para que nunca dejemos de empujar

y que todo siga igual...

...eternamente igual!

...Cuántas cosas cambiarían

si pudiésemos disfrutar de

nuestros tesoros tal como están.

—Pero ojo, Demián, reconocer en 99 un tesoro no quiere decir

abandonar los objetivos. No quiere decir conformarse con

cualquier cosa.

Porque aceptar es una cosa y resignarse es otra.

Pero eso es parte de otro cuento.

"EL PORTERO DEL PROSTIBULO" - pequeño cuento extraido de "recuentos para Demian" de Bucay.

Este es un cuento extraído del Talmud, que habla sobre un hombre común... y las vueltas que da la vida! cuando todo parece ir mal... ojo, puede ser un paso para que vaya mucho mejor!

Me pareció interesante, así que acá va:

 

EL PORTERO DEL PORSTÍBULO

No había en aquel pueblo un oficio peor conceptuado y peor

pagado que el de portero del prostíbulo... Pero ¿qué otra cosa

podría hacer aquel hombre?

De hecho, nunca había aprendido a leer ni a escribir, no

tenía ninguna otra actividad ni oficio. En realidad, era su

puesto porque su padre había sido el portero de ese prostíbulo y

también antes, el padre de su padre.

Durante décadas, el prostíbulo se pasaba de padres a

hijos y la portería se pasaba de padres a hijos.

Un día, el viejo propietario murió y se hizo cargo del

prostíbulo un joven con inquietudes, creativo y emprendedor. El

joven decidió modernizar el negocio.

Modificó las habitaciones y después citó al personal para

darle nuevas instrucciones.

Al portero, le dijo:

—A partir de hoy, usted, además de estar en la puerta,

me va a preparar una planilla semanal. Allí anotará usted la

cantidad de parejas que entran día por día. A una de cada

cinco, le preguntará cómo fueron atendidas y qué corregirían

del lugar. Y una vez por semana, me presentará esa planilla con

los comentarios que usted crea convenientes.

El hombre tembló, nunca le había faltado disposición al

trabajo pero...

—Me encantaría satisfacerlo, señor –balbuceó— pero yo...

yo no sé leer ni escribir.

—¡Ah! ¡Cuánto lo siento! Como usted comprenderá, yo no

puedo pagar a otra persona para que haga estoy y tampoco

puedo esperar hasta que usted aprenda a escribir, por lo

tanto...

—Pero señor, usted no me puede despedir, yo trabajé en

esto toda mi vida, también mi padre y mi abuelo...

No lo dejó terminar.

—Mire, yo comprendo, pero no puedo hacer nada por

usted. Lógicamente le vamos a dar una indemnización, esto es,

una cantidad de dinero para que tenga hasta que encuentre

otra cosa. Así que, los siento. Que tenga suerte.

Y sin más, se dio vuelta y se fue.

El hombre sintió que el mundo se derrumbaba. Nunca

había pensado que podría llegar a encontrarse en esa situación.

Llegó a su casa, por primera vez, desocupado. ¿Qué hacer?

Recordó que a veces en el prostíbulo cuando se rompía

una cama o se arruinaba una pata de un ropero, él, con un

martillo y clavos se las ingeniaba para hacer un arreglo sencillo

y provisorio. Pensó que esta podría ser una ocupación

transitoria hasta que alguien le ofreciera un empleo.

Buscó por toda la casa las herramientas que necesitaba,

sólo tenía unos clavos oxidados y una tenaza mellada. Tenía

que comprar una caja de herramientas completa. Para eso

usaría una parte del dinero que había recibido.

En la esquina de su casa se enteró de que en su pueblo

no había una ferretería, y que debería viajar dos días en mula

para ir al pueblo más cercano a realizar la compra. ¿Qué más

da? Pensó, y emprendió la marcha.

A su regreso, traía una hermosa y completa caja de

herramientas. No había terminado de quitarse las botas cuando

llamaron a la puerta de su casa. Era su vecino.

—Vengo a preguntarle si no tiene un martillo para

prestarme.

—Mire, sí, lo acabo de comprar pero lo necesito para

trabajar... como me quedé sin empleo...

—Bueno, pero yo se lo devolvería mañana bien temprano.

—Está bien.

A la mañana siguiente, como había prometido, el vecino

tocó la puerta.

—Mire, yo todavía necesito el martillo. ¿Por qué no me lo

vende?

—No, yo lo necesito para trabajar y además, la ferretería

está a dos días de mula.

—Hagamos un trato –dijo el vecino— Yo le pagaré a usted

los dos días de ida y los dos días de vuelta, más el precio del

martillo, total usted está sin trabajar. ¿Qué le parece?

Realmente, esto le daba un trabajo por cuatro días...

Aceptó.

Volvió a montar su mula.

Al regreso, otro vecino lo esperaba en la puerta de su

casa.

—Hola, vecino. ¿Usted le vendió un martillo a nuestro

amigo?

—Sí...

—Yo necesito unas herramientas, estoy dispuesto a

pagarle sus cuatro días de viaje y una pequeña ganancia por

cada herramienta. Usted sabe, no todos podemos disponer de

cuatro días para nuestras compras.

El ex –portero abrió su caja de herramientas y su vecino

eligió una pinza, un destornillador, un martillo y un cincel. Le

pagó y se fue.

...No todos disponemos de cuatro días para hacer

compras”, recordaba.

Si esto era cierto, mucha gente podría necesitar que él

viajara a traer herramientas.

En el siguiente viaje decidió que arriesgaría un poco del

dinero de la indemnización, trayendo más herramientas que las

que había vendido. De paso, podría ahorrar algún tiempo en

viajes.

La voz empezó a correrse por el barrio y muchos

quisieron evitarse el viaje.

Una vez por semana, el ahora corredor de herramientas

viajaba y compraba lo que necesitaban sus clientes.

Pronto entendió que si pudiera encontrar un lugar donde

almacenar las herramientas, podría ahorrar más viajes y ganar

más dinero. Alquiló un galpón.

Luego le hizo una entrada más cómodo y algunas

semanas después con una vidriera, el galpón se transformó en

la primera ferretería del pueblo.

Todos estaban contentos y compraban en su negocio.

Ya no viajaba, de la ferretería del pueblo vecino le

enviaban sus pedidos. Él era un buen cliente.

Con el tiempo, todos los compradores de pueblos

pequeños más lejanos preferían comprar en su ferretería y

ganar dos días de marcha.

Un día se le ocurrió que su amigo, el tornero, podría

fabricar para él las cabezas de los martillos.

Y luego, ¿por qué no? las tenazas... y las pinzas... y los

cinceles. Y luego fueron los clavos y los tornillos...

Para no hacer muy largo el cuento, sucedió que en diez

años aquel hombre se transformó con honestidad y trabajo en

un millonario fabricante de herramientas. El empresario más

poderoso de la región.

Tan poderoso era, que un año para la fecha de comienzo

de las clases, decidió donar a su pueblo una escuela. Allí se

enseñarían además de lectoescritura, las artes y los oficios más

prácticos de la época.

El intendente y el alcalde organizaron una gran fiesta de

inauguración de la escuela y una importante cena de agasajo

para su fundador.

A los postres, el alcalde le entregó las llaves de la ciudad

y el intendente lo abrazó y le dijo:

—Es con gran orgullo y gratitud que le pedimos nos

conceda el honor de poner su firma en la primera hoja del libro

de actas de la nueva escuela.

—El honor sería para mí –dijo el hombre—. Creo que

nada me gustaría más que firmar allí, pero yo no sé leer ni

escribir. Yo soy analfabeto.

—¿Usted? –dijo el intendente, que no alcanzaba a creerlo

—¿Usted no sabe leer ni escribir? ¿Usted construyó un imperio

industrial sin saber leer ni escribir? Estoy asombrado. Me

pregunto ¿qué hubiera hecho si hubiera sabido leer y escribir?

—Yo se lo puedo contestar –respondió el hombre con

calma—. ¡Si yo hubiera sabido leer y escribir... sería portero del

prostíbulo!.

2008/02/09

LO QUE DECIMOS

Cuidado con lo que decimos!silencio
 
 
                Un grupo de ranas viajaba por el bosque y, de repente, dos de ellas cayeron en un hoyo profundo. Todas las  demás ranas se reunieron alrededor del hoyo.
                 Cuando vieron cuán hondo era el hoyo, le dijeron a las dos  ranas en el fondo que para efectos prácticos, se debían dar por muertas.
                 Las dos ranas no hicieron caso a los comentarios de sus amigas y siguieron  tratando de saltar fuera del hoyo con todas sus fuerzas. Las  otras seguían insistiendo que sus esfuerzos serian inútiles. Finalmente, una de las ranas puso atención a lo que las demás decían y se rindió  Ella se desplomó y murió. La otra rana continuó saltando tan fuerte como le era posible. Una vez más, la multitud de ranas le gritaba y le hacían señas para que dejara de sufrir y que simplemente se dispusiera a morir, ya que no tenía caso seguir luchando. Pero la rana saltó cada vez con más fuerzas hasta que finalmente logró salir del hoyo.
                 Cuando salió, las otras ranas le dijeron: "nos da gusto que hayas
logrado salir, a pesar de lo que te gritábamos". La rana les explicó que era sorda, y que pensó que las demás la estaban animando a esforzarse más y salir del hoyo.

Moralejas:
1. La palabra tiene poder de vida y muerte. Una  palabra de aliento compartida a alguien que se siente desanimado  puede ayudar a levantarlo.
2. Una palabra destructiva dicha a alguien que  se encuentre  desanimado puede ser lo que acabe por destruir. 
Tengamos cuidado con lo que decimos.
3.
Una persona especial es la que se da tiempo  para animar a otros.

¡¡¡Dispongámonos a ser especiales para los demás!!!
Una referencia relacionada: "En la NASA (Estados Unidos de Norteamérica) hay un póster de una abeja, con la siguiente leyenda: "Aerodinámicamente el cuerpo de una abeja no está absolutamente hecho para volar.
Lo bueno es que la abeja no lo sabe".
 
                           


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2006/05/06

Experiencia

 
♀....::::ExPeRiEnCiA::::....
 
Dejo aqui un pensamiento (excelente):
 At Desk La redacción que sigue fue escrita por un candidato en una selección de personal en Volkswagen...:  
 
 

" Ya hice cosquillas a mi hermana sólo para que dejara de llorar, ya me quemé jugando con una vela, ya hice un globo con el chicle y se me pegó en toda la cara, ya hablé con el espejo, ya jugué a ser brujo. Ya quise ser astronauta, violinista, mago, cazador, y trapecista, ya me escondí atrás de la cortina y dejé olvidados los pies afuera, ya corrí por el timbre del teléfono, ya estuve bajo la ducha hasta hacerme pis.
Ya robé un beso, confundí los sentimientos, tomé un camino errado y sigo andando en lo desconocido. Ya raspé el fondo de la olla donde se cocinó la crema, ya me corté al afeitarme muy apurado y lloré al escuchar determinada música en el ómnibus. Ya traté de olvidar a algunas personas y descubrí que son las más difíciles de olvidar.
Ya subí a escondidas a la azotea para agarrar estrellas, ya subí a un árbol para robar fruta, ya me caí por una escalera. Ya hice juramentos eternos, escribí el muro de la escuela y lloré sentado solo en el piso del baño por algo que me pasaba, ya huí de mi casa para siempre y volví al instante siguiente.
Ya corrí para no dejar a alguien llorando, ya quedé solo en medio de mil personas sintiendo la falta de una sola. Ya ví ponerse el sol y cambiar al rosado y al anaranjado, ya me tiré a la piscina y no quise salir más, ya tomé whisky hasta sentir mis labios dormidos, ya miré la ciudad desde arriba y ni aún así encontré mi lugar.
Ya sentí miedo de la oscuridad, ya temblé por los nervios, ya casi morí de amor y renací nuevamente para ver la sonrisa de alguien especial, ya desperté en medio de la noche y sentí miedo de levantarme.
Ya aposté a correr descalzo por la calle, grité de felicidad, robé rosas en un enorme jardín ya me enamoré y creí que era para siempre, pero era un "para siempre" por la mitad.
Ya me acosté en el pasto hasta la madrugada y vi cambiar la luna por el sol, ya lloré por ver amigos partir y luego descubrí que llegaron otros nuevos y que la vida es un ir y venir permanente.
Fueron tantas cosas que hice, tantos momentos fotografiados por la lente de la emoción y guardados en ese baúl llamado corazón.


Ahora un formulario me pregunta, me grita desde el papel: -¿cuál es su experiencia? Esa pregunta hizo eco en mi cerebro experiencia.... experiencia...
¿Será que cultivar sonrisas es experiencia?
No, tal vez ellos no saben todavía ver los sueños.
Ahora me gustaría preguntarle al que redactó el formulario:
¿Experiencia? ¿Quién la tiene si a cada momento todo se renueva???"

 

 

2005/11/18

Autodependencia - Por Bucay

or ahora sigo en mi momento de profundidad, con estas enseñanzas.... Que están muy buenas, al menos  creo que tienen razón... y que nos ayuda a pensar...
 Este texto de "Autodependencia"  va dedicado a Fabian... con amor, por lo que somos, por lo que nos pasa y ¿nos seguirá pasando?...
Un beso,  Blow Kiss        Burning Heart       
   
 
AUTODEPENDENCIA  –  Por Jorge bucay
 
"Me acuerdo siempre de esta escena:
Mi primo, mucho más chico que yo, tenía tres años. Yo tenía unos doce...
Estábamos en el comedor diario de la casa de mi abuela. Mi primito vino
corriendo y se llevó la mesa ratona por delante. Cayó sentado de culo en el piso llorando.
Se había dado un golpe fuerte y poco después un bultito del tamaño de un
carozo de durazno le apareció en la frente.
Mi tía que estaba en la habitación corrió a abrazarlo y mientras me pedía
que trajera hielo le decía a mi primo: “Pobrecito, mala la mesa que te pegó,
chas chas a la mesa...”, mientras le daba palmadas al mueble invitando a mi pobre primo a que la imitara... Y yo pensaba: ¿...? ¿Cuál es la enseñanza?...
 
La responsabilidad no es tuya que sos un torpe, que tenés tres años y que no mirás por dónde caminás; la culpa es de la mesa. La mesa es mala.
Yo intentaba entender más o menos sorprendido el mensaje oculto de la mala intencionalidad de los objetos. Y mi tía insistía para que mi primo le
pegara a la mesa...
Me parece gracioso como símbolo, pero como aprendizaje me parece
siniestro: vos nunca sos responsable de lo que hiciste, la culpa siempre la
tiene el otro, la culpa es del afuera, vos no, es el otro el que tiene que
dejar de estar en tu camino para que vos no te golpees...
Tuve que recorrer un largo trecho para apartarme de los mensajes de las
tías del mundo.
Es mi responsabilidad apartarme de lo que me daña. Es mi responsabilidad defenderme de los que me hacen daño. Es mi responsabilidad hacerme cargo de lo que me pasa y saber mi cuota de participación en los hechos.
Tengo que darme cuenta de la influencia que tiene cada cosa que hago. Para que las cosas que me pasan me pasen, yo tengo que hacer lo que hago. Y no digo que puedo manejar todo lo que me pasa sino que soy responsable de lo que me pasa porque en algo, aunque sea pequeño, he colaborado para que suceda. Yo no puedo controlar la actitud de todos a mi alrededor pero puedo controlar la mía. Puedo actuar libremente con lo que hago. Tendré que decidir qué hago. Con mis limitaciones, con mis miserias, con mis ignorancias, con todo lo que sé y aprendí, con todo eso, tendré que decidir cuál es la mejor manera de actuar. Y tendré que actuar de esa mejor manera.
Tendré que conocerme más para saber cuáles son mis recursos. Tendré que quererme tanto como para privilegiarme y saber que esta es mi decisión. Y tendré, entonces, algo que viene con la autonomía y que es la otra cara de la libertad: el coraje.
Tendré el coraje de actuar como mi conciencia me dicta y de pagar el precio.
Tendré que ser libre aunque a vos no te guste. Y si no vas a quererme así como soy; y si te vas a ir de mi lado, así como soy; y si en la noche más larga y más fría del invierno me vas a dejar sola y te vas a ir... cerrá la puerta, ¿viste? porque entra viento. Cerrá la puerta. Si esa es tu decisión, cerrá la puerta.
 No voy a pedirte que te quedes un minuto más de lo que vos quieras. Te digo:
cerrá la puerta porque yo me quedo y hace frío. Y esta va a ser mi decisión.
Esto me transforma en una especie de ser inmanejable. Porque los
autodependientes son inmanejables. Porque a un autodependiente solamente lo manejas si él quiere.
Esto significa un paso muy adelante en tu historia y en tu desarrollo, una
manera diferente de vivir el mundo y probablemente signifique empezar a
conocer un poco más a quien está a tu lado.
Si sos autodependiente, de verdad, es probable que algunas personas de las que están a tu lado se vayan... Quizás algunos no quieran quedarse. Bueno, habrá que pagar ese precio también. Habrá que pagar el precio de soportar las partidas de algunos a mi alrededor y prepararse para festejar la llegada de otros (Quizás...)"
 
 Jorge Bucay
 
  Kitty 4 
 
 
 
"Es verdad que el mundo no se limpia de guerra, 
 no se lava de sangre, 
 no se corrige del odio.  Es verdad. 
 Pero es igualmente verdad que nos acercamos a una 
 evidencia: 
 los violentos se reflejan en el espejo del mundo 
 y su rostro no es hermoso ni para ellos mismos. 
 Y sigo creyendo en la posibilidad del amor. 
 Tengo la certidumbre del entendimiento 
 entre los seres humanos, 
 logrado sobre los dolores, sobre la sangre 
 y sobre los cristales rotos"
 
Extraido de "Confieso que he vivido" 
de Pablo Neruda
      
                                                                                                                                                          Puppy
2005/11/17

Obstáculos - Por Jorge Bucay

Obstáculos

De "Cuentos para pensar"

 

Este texto que reproduzco aquí no es en realidad un cuento, sino más bien una meditación guiada, diseñada en forma de ensueño dirigido, para explorar las verdaderas razones de algunos de nuestros fracasos. Me permito sugerirte que lo leas lentamente, intentando detenerte unos instantes en cada frase, visualizándote en cada situación.

 

Voy andando por un sendero.

Dejo que mis pies me lleven.

Mis ojos se posan en los árboles, en los pájaros, en las piedras. En el horizonte se recorte la silueta de una ciudad. Agudizo la mirada para distinguirla bien. Siento que la ciudad me atrae.

Sin saber cómo, me doy cuenta de que en esta ciudad puedo encontrar todo lo que deseo. Todas mis metas, mis objetivos y mis logros. Mis ambiciones y mis sueños están en esta ciudad.Lo que quiero conseguir, lo que necesito, lo que más me gustaría ser, aquello a lo cual aspiro, o que intento, por lo que trabajo, lo que siempre ambicioné, aquello que sería el mayor de mis éxitos.

Me imagino que todo eso está en esa ciudad. Sin dudar, empiezo a caminar hacia ella. A poco de andar, el sendero se hace cuesta arriba. Me canso un poco, pero no me importa. 

Sigo. Diviso una sombra negra, más adelante, en el camino. Al acercarme, veo que una enorme zanja me impide mi paso.Temo... dudo.

Me enoja que mi meta no pueda conseguirse fácilmente. De todas maneras decido saltar la zanja. Retrocedo, tomo impulso y salto... Consigo pasarla. Me repongo y sigo caminando.

Unos metros más adelante, aparece otra zanja. Vuelvo a tomar carrera y también la salto. Corro hacia la ciudad: el camino parece despejado. Me sorprende un abismo que detiene mi camino.Me detengo. Imposible saltarlo

Veo que a un costado hay maderas, clavos y herramientas. Me doy cuenta de que está allí para construir un puente. Nunca he sido hábil con mis manos... Pienso en renunciar. Miro la meta que deseo... y resisto.

Empiezo a construir el puente. Pasan horas, o días, o meses. El puente está hecho. Emocionado, lo cruzo. Y al llegar al otro lado... descubro el muro. Un gigantesco muro frío y húmedo rodea la ciudad de mis sueños...

Me siento abatido... Busco la manera de esquivarlo. No hay caso. Debo escalarlo. La ciudad está tan cerca... No dejaré que el muro impida mi paso.

Me propongo trepar. Descanso unos minutos y tomo aire... De pronto veo, a un costado del camino un niño que me mira como si me conociera. Me sonríe con complicidad.  

Me recuerda a mí mismo... cuando era niño.  

Quizás por eso, me animo a expresar en voz alta mi queja: -¿Por qué tantos obstáculos entre mi objetivo y yo?   

El niño se encoge de hombros y me contesta: -¿Por qué me lo preguntas a mí?

Los obstáculos no estaban antes de que tú llegaras... Los obstáculos los trajiste tú.

 

Jorge Bucay

 

 

 

 

 
2005/11/15

Amarse con los ojos abiertos

Un poco de terapia de pareja... Algo para analizar, sobre la diferencia entre el "enamoramiento" y el verdadero "amor"...

Amarse con los ojos abiertos

Quizás la expectativa de felicidad instantánea que solemos endilgarle al vínculo de pareja, este deseo de exultancia, se deba a un estiramiento ilusorio del instante de enamoramiento.

Cuando uno se enamora en realidad no ve al otro en su totalidad, sino que el otro funciona como una pantalla donde el enamorado proyecta sus aspectos idealizados.

Los sentimientos, a diferencia de las pasiones, son más duraderos y están anclados a la percepción de la realidad externa. La construcción del amor empieza cuando puedo ver al que tengo enfrente, cuando descubro al otro.

Es allí cuando el amor reemplaza al enamoramiento.

Pasado ese momento inicial comienzan a salir a la luz las peores partes mías que también proyecto en él. Amar a alguien es el desafío de deshacer aquellas proyecciones para relacionarse verdaderamente con el otro. Este
proceso no es fácil, pero es una de las cosas más hermosas que ocurren o que ayudamos a que ocurran.

Hablamos del amor en el sentido de "que nos importa el bienestar del otro".

Nada más y nada menos. El amor como el bienestar que invade cuerpo y alma y que se afianza cuando puedo ver al otro sin querer cambiarlo.

Más importante que la manera de ser del otro, importa el bienestar que siento a su lado y su bienestar al lado mío. El placer de estar con alguien que se ocupa de que uno esté bien, que percibe lo que necesitamos y disfruta al dárnoslo, eso hace al amor.

Una pareja es más que una decisión, es algo que ocurre cuando nos sentimos unidos a otro de una manera diferente. Podría decir que desde el placer de estar con otro tomamos la decisión de compartir gran parte de nuestra vida con esa persona y descubrimos el gusto de estar juntos. Aunque es necesario saber que encontrar un compañero de ruta no es suficiente; también hace falta que esa persona sea capaz de nutrirnos, como ya dijimos, que de hecho sea una eficaz ayuda en nuestro crecimiento personal.

Welwood dice que el verdadero amor existe cuando amamos por lo que sabemos que esa persona puede llegar a ser, no solo por lo que es.

"El enamoramiento es más bien una relación en la cual la otra persona no es en realidad reconocida como verdaderamente otra, sino más bien sentida e interpretada como si fuera un doble de uno mismo, quizás en la versión masculina y eventualmente dotada de rasgos que corresponden a la imagen idealizada de lo que uno quisiera ser. En el enamoramiento hay un yo me amo al verme reflejado en vos." Mauricio Abadi.

 

Enamorarse es amar las coincidencias, y amar es enamorarse de las diferencias.


 

AMARSE CON LOS OJOS ABIERTOS - FRAGMENTO

 

 Cuando las personas se encuentran con dificultades en la relación, tienden a culpar a su pareja. Ven claramente cual es el cambio que necesita hacer el otro para que la relación funcione, pero les es muy difícil ver que es lo que ellas hacen para generar los problemas, es muy común preguntarle a una persona en una sesión de pareja:

¿Que té pasa?-lo que me pasa es que él no entiende.

Y yo insisto:

¿Que te pasa a ti?

Y ella vuelve a contestar:

Lo que me pasa es que él es muy agresivo

¡Y yo sigo hasta el cansancio...!¿Pero que sientes tú?¿Que té pasa a ti?

Y es muy difícil que la persona hable de lo que le esta pasando, de lo que esta necesitando o sintiendo.

Todos quieren siempre hablar del otro.

Es muy diferente encarar los conflictos que surgen en una relación, con la actitud de revisar: "que me pasa a mí", que enfrentarlos con enojo, pensando que el problema es que estoy con la persona inadecuada.

Muchas parejas terminan separándose a partir de la creencia de que con "otro", sería distinto, y, por supuesto, se encuentran con relaciones similares, donde el cambio es sólo el interlocutor.

Por eso, frente a los desacuerdos vinculares, el primer punto es tomar conciencia de que las dificultades son parte integral del camino del amor. No podemos concebir una relación íntima sin conflictos.

La salida sería dejar de lado la fantasía de una pareja ideal, sin conflictos, enamorados permanentemente.

Es sorprendente ver cómo la gente busca esta situación ideal.

...Y cuando el señor x sé da cuenta que su pareja no corresponde con ese modelo romántico ideal y novelesco, insiste en decirse que otros sí tienen esa relación idílica que él está buscando, sólo que él tuvo mala suerte... porque se caso con la persona inadecuada.(?)

¡NO!

No es así.

No se caso con la persona inadecuada.

Lo único inadecuado es su idea previa sobre el matrimonio, la idea de la pareja perfecta.

En cierto modo me serena saber que esto que no tengo, no lo tiene nadie, que la pareja ideal es una idea de ficción y que la realidad es muy diferente.

El pensamiento de que el pasto del vecino es más ver de o que el otro tiene eso que yo no alcanzo, parece generar mucho sufrimiento.

Quizá el aprender estas verdades pueda liberar a algunas personas de estos tóxicos  sentimientos.

La realidad mejora cuando me decido a disfrutar lo posible, en lugar de sufrir porque una ilusión o una fantasía no se dan.

La propuesta es: "HAGAMOS CON LA VIDA POSIBLE... LO MEJOR POSIBLE..."

Sufrir porque las cosas no son como yo me las había imaginado, no sólo es inútil, sino que además es infantil.

Esta es pues la nueva propuesta, empezar a pensar la pareja desde otro lugar, desde el lugar de lo posible y no del ideal.

Por eso es que vamos a intentar ver los conflictos no sólo como un camino para superar mis barreras y poder acercarme así al otro, sino también como un camino para encontrarme con mi compañero, y por supuesto, a partir de lo dicho, como un camino para producir el transformador encuentro conmigo mismo.

Estar en pareja ayuda a nuestro crecimiento personal. La relación suma, por eso vale la pena.

Vale... la PENA (es decir, vale penar por ella). Vale el sufrimiento que genera vale el dolor con el que tendremos que enfrentarnos, y es valioso porque cuando lo atravesamos, ya no somos los mismos, hemos crecido, somos más concientes, somos más plenos.

 

Jorge Bucay - Argentino